Sin más explicación que una mirada a su mujer que dice poco o nada, se levanta del sofá, tirando la bolsa de patatas que tenía sobre la barriga. ¿Dónde vas cariño? Pero cariño no responde y se dirige directo al armario. Empieza a tirar ropa a la cama. Cariño ¿estás bien? ¿Estas buscando esas revistas tuyas? Ya te dije que las tiré todas. Él sigue sacando ropa hasta que lo encuentra.
No.
Sí.
No. Tú no estás para hacer esto.
¿No? Ya se ha quitado la ropa y se ha enfundado su kimono, que diecinueve años después sigue sorprendentemente blanco. Todavía me cabe. Pareces un rollo de papel de cocina, además ¿vas a ponerte a pegar gente ahora?
El karate no es pegar, al contrario, es control, canalización de impulsos.
Ella se pone la palma de la mano sobre la frente. Otra vez no. Se acuerda de su hermana, que le dijo que donara ese traje raro de comunión de su marido. Ella le contestó que a lo mejor podían tener una noche divertida disfrazados. Nunca imaginó esto.
Voy a encontrar mi camino. Cariño, se razonable: Haz como la gente normal y preséntate a Operación Triunfo. No, voy a encontrar mi camino. Encontraré mi Budo, necesito paz interior.
Pero ¿te llevas ropa? ¿te marchas de verdad y me dejas aquí? ¿te has vuelto jodidamente loco? Cariño, tranquila, no es por ti. Lo he estado meditando, me he informado en internet. Necesito encontrar mi camino, practicaré el Zazen hasta que mis pensamientos sean nubes que atraviesan el cielo sin dejar rastro. No llores. No es por ti. Necesito encontrar mi camino.
*.....*.....*
Sin su marido para conversar, aunque lo que es conversar, conversaban de poco o de nada; se deja caer al sofá, llevándose esta vez a la frente el dorso de la mano. Podría auto compadecerse mucho más si la estampa resultara más lánguida. Pero su figura ya no es la que era, a pesar de que el mantener la línea continúe en cabeza del pelotón de prioridades, y su tez nunca fue pálida, sino más bien aceitunada.
Por eso siente rabia. Lo de su marido embutido en el kimono blanco nuclear se le antoja una solemne bobada. Considera la posibilidad de ponerse a pegar puñetazos a los cojines y lanzarlos violentamente por el aire. De llenar el silencio del comedor con alternos llantos arrebatados. Otra vez, se juzgaría ridícula y la escena le parecería más cómica que trágica.
Suena el teléfono. Sí, ¿Diga? Es el. Cariño quiero que lo entiendas. Pues no, no lo comprendo.
Cariño en realidad he estafado a mi empresa. ¿Qué? ¿Quieres decir que tienes una cuenta a rebosar de euros desfalcados en uno de esos paraísos fiscales? Sí. Me voy a las Seychelles. Mi secretaria me acompaña.
Ella cuelga el teléfono mucho más relajada. Enciende la tele en su función de animal de compañía y se conecta a Second Life. Vivir durante un rato dentro de un alter ego mucho más simpático. Así es como la gente normal encuentra su verdadero camino. Con unas piernas bien torneadas y una mansión en Miami.
Él cuelga el teléfono con una amplia sonrisa a su maestro, que lo coge por los hombros y juntos regresan al monasterio.
Zazen. Sus pensamientos son ahora nubes que atraviesan el cielo sin dejar rastro. Como un buen estafador que huye en avión teniéndolo todo controlado.


4 comentaris:
Ei!! Molt graciós!! Això del zazen ho has tret del yoga? :D Veig q ultimament varies molt d'idiomes!! Per quan en francès??? :D
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Fantàstic.
(Homenatge a mare)
bravo
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